lunes, 13 de agosto de 2007

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Pasó la mano por su cara, rozándole con las yemas de los dedos cada una de sus pestañas. Y mientras la miraba con ojos de vidrio le dijo:

- Alex. Te lo prometí, sabes que siempre cumplo mis promesas.

- No te esfuerces. Está decidido.

- Pero…¿qué será ahora de mis ojos?

- No lo se, yo ya no me acuerdo de los míos.

Hizo un gesto al camarero frotándose los dedos. La entendió perfectamente.

- Son 12euros, señorita.

- Aquí tiene

Sonrió por última vez. Se levantó, pasó su mano derecha por la rodilla de Oscar y siguió recto hacía la puerta.

- Alex, espera.

Un crujido. Oscar pensó por un segundo que todos los relojes del mundo acababan de pararse. Es más, el mundo había dejado de girar. Giró el la cabeza con la esperanza de encontrar a Alex frente a la puerta con el cigarrillo en la mano, esperando a que él se levantara.

Solo estaba la puerta

1 comentario:

Anónimo dijo...

El fallo es esperar algo...
Y una puerta por la que salir corriendo tampoco está tan mal a fin de cuentas.






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